30/7/09

Teoría sobre lo sagrado

He venido topandome con muchas referencias hacia cosas (objetos físicos, para ser más precisos) que tienen la propiedad de ser sagrados, y me preguntaba qué diablos significa que algo sea sagrado. Las dos menciones que ahora recuerdo sobre este tema son muy distintas, una es en la película de Tim Burton y Jonny Deep: Charlie y la fábrica de chocolates. En una escena, Charlie gana un boleto dorado (de cinco existentes en el mundo) para visitar la maravillosa fábrica de chocolates de Willy Wonka, y se ve tentado a vendérselo a una persona que le ofrece 500 dólares por él, Su familia es muy pobre y realmente necesitan el dinero por cierto, pero el sabio abuelo del chico lo convence de no hacerlo, argumentando que sólo hay cinco de esos boletos en el mundo, y que los billetes verdes en cambio son algo muy común. La segunda referencia la encontré en una canción llamada Vientos del Pueblo, del grupo Inti Illimani, gente muy izquierdista y comprometida con con los intereses de las clases oprimidas. El punto es que en una parte de esa canción la letra dice :

“los que quieren dividir, a la madre de sus hijos
y quieren reconstruir, la cruz que arrastrara Cristo”

como burlándose de la idea de dividir, burocráticamente hablando, algo que simplemente no se puede dividir (la nación, supongo). Estos ejemplos me dan dos posibles condiciones necesarias para que algo sea sagrado: el ser único, o al menos suficientemente especial (que haya muy pocos); y, el no poder ser dividido en ningún sentido, so pena de quitar lo sacro en él. Lo sagrado se debe considerar siempre como un todo, y las partes de éste, al no ser lo que eran, se convierten en simples objetos triviales.

Alguien podría decir que las partes de un objeto sagrado son también sagradas, como por ejemplo, el calzoncillo del papa Juan Pablo II, o un pedazo de césped del estadio azteca (en serio, hay gente que se lo ha llevado), pero yo no estoy muy convencido de eso. Hay cierta trivialidad en esto, pues no creo que sea lo mismo dividir un país y llevarse algunas hierbas, pero en todo caso, lo del estadio podría compararse con quitarle a Chile 20 metros cuadrados de terreno y cederlos a Argentina. Con el papa el problema es más complicado, porque al ser una persona, le damos prioridad - de manera evidente para nosotros- a algunas partes de él, algo que no sucedería con objetos inanimados. Estoy seguro de que la mitad de arriba del papa es más sagrada que la mitad de abajo, pero la mitad norte del estadio es igual de sagrada que la mitad sur. Creo que talvez el no ser dividido no es una condición tan necesaria, pero sí hace que la cosa sea auténticamente sagrada, es decir, que recuerde a lo que en un principio hacia que nos fijáramos en ella. Poniendo un ejemplo, cuando dije que había perdido la bataca del recuerdo en aquél concierto, no cabe duda de que de haberla ganado la guardaría con recelo (así como seguramente lo esta haciendo la gorda con granos), pero aunque me haya perdido de algo relativamente sagrado, eso no tiene nada que ver con la grandeza el baterista, ni mucho menos con lo sacro de Lacrimosa.

Saludos.

22/7/09

¿Quién dice que Lacrimosa no pega duro?



Hace veinticuatro horas que estuve en el circo volador -para quien no lo conozca, es un bar enorme donde se juntan los darks y demás rechazados sociales, o eso es lo que quieren creer ellos- escuchando a una banda muy interesante, aunque algo contradictoria: Lacrimosa. No se puede describir la sensación de estar en una olla de fanatismo tan acérrimo como la que profesaban allí todos esos muchachos por sólo un par de personas, en verdad, había veces en que daba hasta miedo. Bueno, pero eso es otro tema, el concierto en sí mismo fue cosa muy distinta, no se me hizo el milagro de que tocaran muchas canciones viejas (de hecho no tocaron ninguna), pero las versiones que hicieron de las canciones nuevas fueron catárticas, como dirían uno que otro maestro de filosofía. Me hicieron revisarlas desde otro punto de vista, y discos que antes me parecían prescindibles o muy pretensiosos en sus coros, ahora me parecen rescatables siempre que se canten con espíritu, y eso es lo que hizo el señor Wolff en cada rola del concierto, sobre todo en Lichtgestalt, para mí, la que mejor le salió.

Ahora bien, no se me olvidan los "inconvenientes" que implica este tipo de música y este tipo de banda. Me refiero a su público, por supuesto. A mí personalmente se me hace impresionante ver en vivo la adoración de ídolos de carne y hueso considerados sagrados, yo pensaba que la sociedad maduraba con el tiempo, pero qué va, de los Beatles para acá, en estas cuestiones, se ha cambiado muy poco. No me malentiendan, yo no pienso que esto esté mal para nada, simplemente nunca creí que los fanatismos por una persona siguieran tan vivo, y es que, pensándolo seriamente, el hecho es que hay gente que realmente ama a Tilo Wolff! (o a Anne Nurmi, o a los dos). Me he convencido de que Wolff sabe manejar muy bien la imagen -o ideal- que las adolescentes gordas y con granos tienen de él, algo que lo hace parecer inalcanzable aunque en verdad no cueste mucho conocerlo. Para iniciar el concierto, colocaron una televisión en medio del escenario, y, mientras toda la banda empezaba a tocar, Wolff cantaba en la pantalla para aparecer en vivo segundos después. ¿Parece una tontería? Lo es, y no hay que tener miedo de decirlo, pero claro, los fans dirán que es la mejor idea desde los burritos mexicanos. Cuando cantaba, hacía unas cosas extrañas con sus manos, como si alguien le hubiera dicho que se veía muy cool dirigiendo a la banda con sus manitas blancuzcas, aunque de hecho no tuviera ni un pelo de gracia (creo que hasta yo me vería más estético haciéndolo). Estoy seguro, por otra parte, de que eso derretía a los miles de fans. Todo esto no es para quejarme ni nada por el estilo, creo que que Wolff se ha ganado el derecho a hacer todas esas cosas por su gran trabajo en los noventas, sin contar con que hace muy feliz a las susodichas gordas. Además, la música, que al final es lo que realmente importa, fue tocada soberbiamente, con unos errorcillos talvez por aquí y por allá, que se admiten en una banda que prefiere lo íntmo a lo prefabricado, lo natural (aunque feo, como dije) a lo ultraperfeccionado, en una banda que, finalmente, tiene una conexión real y antigua con su público, sea éste de la índole que sea. Después de todo, ¿no soy yo mismo una prueba de que Lacrimosa puede llegar hasta oídos lejanísimos? Los prejuicios se rompen en este punto, les apuesto mi cabeza a que ninguno de mis amigos se pondría a defender a una banda como Lacrimosa.

Saludos.

PD. Desde hoy detesto a las gordas con granos, toda vez que me quitan la baqueta del recuerdo en mis propias narices. Eso sí sería un recuerdo, no las estúpidas tazas que venden al salir del concierto.