He venido topandome con muchas referencias hacia cosas (objetos físicos, para ser más precisos) que tienen la propiedad de ser sagrados, y me preguntaba qué diablos significa que algo sea sagrado. Las dos menciones que ahora recuerdo sobre este tema son muy distintas, una es en la película de Tim Burton y Jonny Deep: Charlie y la fábrica de chocolates. En una escena, Charlie gana un boleto dorado (de cinco existentes en el mundo) para visitar la maravillosa fábrica de chocolates de Willy Wonka, y se ve tentado a vendérselo a una persona que le ofrece 500 dólares por él, Su familia es muy pobre y realmente necesitan el dinero por cierto, pero el sabio abuelo del chico lo convence de no hacerlo, argumentando que sólo hay cinco de esos boletos en el mundo, y que los billetes verdes en cambio son algo muy común. La segunda referencia la encontré en una canción llamada Vientos del Pueblo, del grupo Inti Illimani, gente muy izquierdista y comprometida con con los intereses de las clases oprimidas. El punto es que en una parte de esa canción la letra dice :
como burlándose de la idea de dividir, burocráticamente hablando, algo que simplemente no se puede dividir (la nación, supongo). Estos ejemplos me dan dos posibles condiciones necesarias para que algo sea sagrado: el ser único, o al menos suficientemente especial (que haya muy pocos); y, el no poder ser dividido en ningún sentido, so pena de quitar lo sacro en él. Lo sagrado se debe considerar siempre como un todo, y las partes de éste, al no ser lo que eran, se convierten en simples objetos triviales.
Alguien podría decir que las partes de un objeto sagrado son también sagradas, como por ejemplo, el calzoncillo del papa Juan Pablo II, o un pedazo de césped del estadio azteca (en serio, hay gente que se lo ha llevado), pero yo no estoy muy convencido de eso. Hay cierta trivialidad en esto, pues no creo que sea lo mismo dividir un país y llevarse algunas hierbas, pero en todo caso, lo del estadio podría compararse con quitarle a Chile 20 metros cuadrados de terreno y cederlos a Argentina. Con el papa el problema es más complicado, porque al ser una persona, le damos prioridad - de manera evidente para nosotros- a algunas partes de él, algo que no sucedería con objetos inanimados. Estoy seguro de que la mitad de arriba del papa es más sagrada que la mitad de abajo, pero la mitad norte del estadio es igual de sagrada que la mitad sur. Creo que talvez el no ser dividido no es una condición tan necesaria, pero sí hace que la cosa sea auténticamente sagrada, es decir, que recuerde a lo que en un principio hacia que nos fijáramos en ella. Poniendo un ejemplo, cuando dije que había perdido la bataca del recuerdo en aquél concierto, no cabe duda de que de haberla ganado la guardaría con recelo (así como seguramente lo esta haciendo la gorda con granos), pero aunque me haya perdido de algo relativamente sagrado, eso no tiene nada que ver con la grandeza el baterista, ni mucho menos con lo sacro de Lacrimosa.
Saludos.
“los que quieren dividir, a la madre de sus hijos
y quieren reconstruir, la cruz que arrastrara Cristo”
y quieren reconstruir, la cruz que arrastrara Cristo”
como burlándose de la idea de dividir, burocráticamente hablando, algo que simplemente no se puede dividir (la nación, supongo). Estos ejemplos me dan dos posibles condiciones necesarias para que algo sea sagrado: el ser único, o al menos suficientemente especial (que haya muy pocos); y, el no poder ser dividido en ningún sentido, so pena de quitar lo sacro en él. Lo sagrado se debe considerar siempre como un todo, y las partes de éste, al no ser lo que eran, se convierten en simples objetos triviales.
Alguien podría decir que las partes de un objeto sagrado son también sagradas, como por ejemplo, el calzoncillo del papa Juan Pablo II, o un pedazo de césped del estadio azteca (en serio, hay gente que se lo ha llevado), pero yo no estoy muy convencido de eso. Hay cierta trivialidad en esto, pues no creo que sea lo mismo dividir un país y llevarse algunas hierbas, pero en todo caso, lo del estadio podría compararse con quitarle a Chile 20 metros cuadrados de terreno y cederlos a Argentina. Con el papa el problema es más complicado, porque al ser una persona, le damos prioridad - de manera evidente para nosotros- a algunas partes de él, algo que no sucedería con objetos inanimados. Estoy seguro de que la mitad de arriba del papa es más sagrada que la mitad de abajo, pero la mitad norte del estadio es igual de sagrada que la mitad sur. Creo que talvez el no ser dividido no es una condición tan necesaria, pero sí hace que la cosa sea auténticamente sagrada, es decir, que recuerde a lo que en un principio hacia que nos fijáramos en ella. Poniendo un ejemplo, cuando dije que había perdido la bataca del recuerdo en aquél concierto, no cabe duda de que de haberla ganado la guardaría con recelo (así como seguramente lo esta haciendo la gorda con granos), pero aunque me haya perdido de algo relativamente sagrado, eso no tiene nada que ver con la grandeza el baterista, ni mucho menos con lo sacro de Lacrimosa.
Saludos.
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